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lunes, 3 de marzo de 2025

Marc Badal, el rural no existe 3

Geografías de la ingravidez

Sobre la desorientación como privilegio

Este libro trata de desentrañar el proceso por el cual nuestras sociedades han dado la espalda a la tierra y, creyéndose capaces de vivir al margen de ella, han confundido el desarraigo con la emancipación. De ese modo, hemos constituido una geografía ingrávida que, en dos generaciones, ha hecho olvidar el papel esencial jugado por los pueblos campesinos para conformar nuestro mundo. Marc Badal nos recuerda que «el precio a pagar por el privilegio de habernos liberado de una vida apegada a la tierra no es otro que el de estar permanentemente desubicados. Ya no sentimos ningún sitio como propio: estamos siempre fuera de lugar».

[...] Hemos olvidado que somos los descendientes directos de los últimos campesinos y que nuestra existencia está completamente determinada por la renuncia a un legado cultural que, en vano, intentaron transmitirnos. Es decir, no somos solamente los huérfanos del campesinado. Somos aquellos que optaron por convertirse en sus desheredados. [...]

[...] Es cierto que en los más variados contextos históricos las élites dominantes siempre han conseguido evitar los rigores de la terrestridad, pero se trataba de un reducido número de personas que vivían al margen de la tierra solamente gracias al expolio de una gran mayoría que no podía hacer otra cosa que arrastrarse sobre ella. Sin embargo, en las actuales sociedades sobredesarrolladas la ingravidez se ha democratizado. Ya no supone una marca distintiva de privilegio sino que constituye un rasgo inherente a nuestra relación con el mundo y, aunque todo cuanto nos ocurre depende de los procesos ecológicos que sostienen el metabolismo social, lo realmente significativo es que actuamos y pensamos como si tales vínculos no existieran. [...]

 

Marc Badal

Marc Badal Pijoan (Barcelona, 1976) colabora con distintas entidades del País Vasco y Navarra en proyectos de investigación y dinamización agroecológica. Junto a Anne Ibáñez Guridi es miembro del colectivo Kanpoko bulegoa, un obrador artesanal de pensamiento aplicado en torno a la cultura rural y el territorio. Desde ese marco abordan proyectos de reflexión e intervención cultural, así como trabajos de mediación, comisariado y docencia.
Ha publicado El tomate de Aretxabaleta. Biodiversidad, territorio y conocimiento compartido (Fundación Cristina Enea, 2018); Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino (Pepitas y Cambalache, 2017); Cuadernos de viaje. Fragmentos y pasajes históricos sobre semillas (Fundación Cristina Enea, 2016); Mundo clausurado. Monocultivo y artificialización (autoeditado, 2016); Fe de erratas. La agitación rural frente a sus límites (autoeditado, 2011) y Los pies en la tierra. Reflexiones y experiencias hacia un movimiento agroecológico [coord.] (Virus, 2006).

Marc Badal, el rural no existe 2

Compartido por José Pastor González:

"Geografías de la ingravidez" Marc Badal (pepitas de calabaza) https://www.pepitas.net/libro/geografias-de-la-ingravidez
algunas cosas que se cuentan en "Geografías de la ingravidez"
Aunque la inercia de la desagrarización es demoledora, conviene no olvidar que en nuestro medio rural sigue habiendo miles de personas que dedican su vida al trabajo de la tierra. Con modelos productivos que pueden gustarnos más o menos, su empeño por mantenerse en el sector primario, especialmente si son pequeños productores, constituye un acto de resistencia frente a un sistema alimentario que los relega a la posición más débil de la cadena y, de paso, también frente a la deriva del desarraigo. Los agricultores y ganaderos profesionales, prácticamente los únicos que todavía dependen, aunque sea de forma amortiguada, de la matriz ecológica del entorno más cercano, no pierden de vista que su suerte está ligada a la del territorio que habitan. Buena parte de sus vecinos, por el contrario, han aprendido a eludir con palmosa facilidad cualquier referencia explícita a este hecho incontestable. (pág 60)

Para alguien educado en la convicción de que la tierra está ahí para ser cuidada, trabajada y aprovechada, el abandono supone una herida que desgarra su autoestima. (pág 70)

El rodillo del abandono no solo provoca que el antiguo mosaico paisajístico campesino, con sus unidades bien diferenciadas, el complejo entramado de caminos que las conectaba y su elementos arquitectónicos singulares vaya, quedando reducida una masa informe de vegetación espontánea salpicada por pilas de escombros. El abandono también afecta directamente al modo en que coincidimos y nos relacionamos con ese territorio arruinado: ahí donde antes podía distinguir una serie de lugares específicos , perfectamente delimitados, ahora solo se percibe una vasta de extensión de terreno homogéneo. Un espacio que al dejar de aprovecharse apenas se frecuenta y que, inevitablemente, acaba por convertirse en algo desconocido. (pág 70)

... el abandono se cobra también sus víctimas en el habla de las gentes, neutralizando la función comunicativa e identitaria que en su día desempeñó la toponimia. En cada uno de nuestros pueblos, centenares de nombres propios que se referían a lugares, accidentes geográficos, enclaves, parcelas, casas u otras construcciones están a punto de desaparecer. Nombres propios que hablan la lengua muerta de los campesinos. Que en demasiadas ocasiones se refieren a un trozo de mundo que se conserva exclusivamente en el recuerdo de quienes le dieron vida. (pág 77)

Podríamos decir que la naturaleza es aquello a lo que ha ido renunciando la sociedad en aras de un mayor confortabilidad, y en consecuencia, es también lo anhelamos cuando las condiciones que se nos imponen resultan difíciles de soportar. Por esta razón, el sentimiento de pérdida de la naturaleza es una de las principales señales de identidad de unas sociedades industriales caracterizadas por la desorientación, la insatisfacción crónica, y la sensación de vivir a través de experiencias y relaciones sucedáneas. Es, en definitiva, la casa natal abandonada para siempre a la que de forma irrenunciable deseamos regresar para reencontrarnos con nuestra auténtica y originaria condición. (pág 84)

Marc Badal, el mundo rural no existe

Compartido por José Pastor González:

algunas cosas que se cuentan en "Geografías de la ingravidez" Marc Badal (pepitas de calabaza) (parte 2º) https://www.pepitas.net/libro/geografias-de-la-ingravidez
… es bien sabido que la cultura, aquella que se escribe con mayúsculas y se transmite embalsamada en soportes nobles y duraderos, ha estado generalmente en manos de una élite encumbrada en la atalaya de la clase social y de otros privilegios relacionados con el género, la raza, etc. Sin embargo, no siempre se tiene presente que estos hombres cultos que nos han enseñado a ver el mundo a través de sus ojos compartían, casi sin excepción, la condición de ser habitantes o residentes habituales de alguna gran ciudad. La alta cultura se esencialmente urbana …. (pág 96)
… estas aproximaciones cultas a la cuestión de la tierra no solo proceden del sesgo bibliográfico de unos autores acostumbrados a vivir entre papeles o de carácter alegórico que, tan a menudo, adopta la idea de naturaleza. Probablemente, el escollo que más constriñe el alcance y el significado estos frutos culturales es el hecho de haber sido concedido y materializados: el punto de vista de alguien que se limita a dar paseos por el campo, hacer travesías por el monte, coleccionar nombre de flores o pájaros, observar cómo trabajan los campesinos del lugar, charlar con ellos y recoger los peculiaridades modismos de sus dialectos, deleitarse con la austera belleza de su indumentaria o de sus rústicas manufacturas, etc. (pág 117-118)
Aunque los pocos insensatos que eligen el trabajo de la tierra como forma de vida merecen el respeto más sincero e, incluso, la admiración de quienes sueñan con abandonar la ciudad, la realidad nos muestra que son muy pocos los que se decantan por esta opción en el momento de materializar dicho sueño.
Podría citarse dos razones que explican este desinterés. Por un lado todo, parece indicar que la época en que centenares de neorurales se lanzaban a emprender proyectos comunitarios en enclaves remotos está quedando atrás; por otro, en plena dinámica desagrarizadora, la opción de dedicarse a la producción de alimentos, especialmente cuando esta se desarrolla en territorios marginales donde la agricultura y la ganadería tienden claramente a la desaparición, es poco menos que una garantía de precariedad, agotamiento, y extrema soledad. (148)
… la tematización constituye una de las estrategias más habituales en el intento de posicionar a ciertos territorios en el escaparate turístico. Como el propio concepto indica, esta operación requiere de un tema que articule el relato con el que se pretende atraer al visitante; aunque en esta ocasión los clásicos habituales del género no funcionen. A diferencia de los verdaderos parques temáticos, la nueva ruralidad tematizada no recurre al universo particular de ciertas películas (Disney, Star Wars, El señor de los anillos…) ni al exotismo de antiguas civilizaciones (Terra Mítica, PortAventura) sino que opta por una estrategia mucho más perversa: escenificar su propia autoparodia.
En este sentido, algunas localidades de fisionomía especialmente agradecida se ve sometidas a una intervención de cirugía estética urbanística que pretende restaurar su supuesta apariencia original. El resultado es, sin duda, llamativo, pero no suele repararse en que el precio que pagan estos pueblos por recuperar su autenticidad no es otro que el de renunciar a todo lo que, más allá de lo meramente arquitectónico, les define como pueblo. …..
Todo este despliegue escenográfico debe ser apuntalado con la correspondiente agenda de eventos que vengan a dotarlo de una trama argumental. Es cierto que algunas de estas iniciativas pueden propiciar dinámicas interesantes en el seno de la comunidad, pero en general, el objetivo principal y casi exclusivo de estos proyectos de museificación expandida es la captación de visitantes. (pág 204-207)

domingo, 2 de marzo de 2025

Charlie Parr

Publicación de Charlie Parr, 26 octubre 2023.

Here’s my tour diary for my recent trip out to Montana:

Oct. 18: got gas at 3:00 pm – I had some errands to run and an internal argument about what guitar to bring (my Mule tricone won, as usual) and so got started a little later than I wanted to.

Same day … got gas at 6:30, then again at 9:30: no unusual events along the way, the weather was very nice and I listened to piano music co by Erik Satie, then Bill Evans and also Bud Powell.

Later that night: pulled into a rest area near the Montana state line to sleep. It was very creepy and I couldn’t fall asleep. There were no other cars in the parking lot and only one semi truck in the other parking lot and I spent my time not falling asleep and making up scenarios about the driver of that truck in which they would come over and attack me or try and talk to me about college football. 
Finally fell asleep and was awoken by the sun two and a half hours later.

Oct. 19: coffee at the Flying J truckstop at 6:00am, no one but me and the cashier and she did not want to be at work that morning. I was sympathetic and did not feel like driving all day so we scowled at one another in solidarity.

Same day … got gas at 10:00
Later that day I got gas again but forgot to write down the time in my tour diary (a white pastry bag that I got from a guy in Iowa who brought a donut for me)

Arrived in Belgrade around 3:30 and did a recorded session for local radio but I was tired from the lack of sleep and I didn’t do a good job at all. This is one of my biggest fears as I get older, that the very act of traveling to a gig will make me too exhausted to play well. I don’t bounce back from bad sleep or lack of sleep like I used to, and I was definitely feeling very foggy during the performance. I apologized to the producer and went to find a quiet spot to take a nap.

5:00: after not being able to sleep I brought my guitar into the venue in Bozeman and did a soundcheck. I was opening the next two nights for The Lil Smokies, who are friends and all around great and kind folks, and the venue was fantastic. I had a great soundcheck and all the crew were super kind and helpful and I left to go walking and wake up. I had a burrito that I bought in a parking lot from a guy in an old school bus and waited for a long time at a stop light. 

I was imagining this tour diary in my mind as I waited, how these exciting and meaningful moments would translate to a captivating narrative and probably go viral or whatever.

My set started at 8:00, I think, and the audience was so nice and I had gotten a second wind so I think I played OK but immediately afterwards I was more tired than ever so I left after watching the Smokies play for a while and found a quiet spot and fell asleep, finally. I dreamt of playing guitar but there were several people onstage who were un-tuning my guitar while I played … I don’t know what this means, probably relates to my childhood but I’m no psychologist.

Oct. 20: got gas at 10:30am, then again at 2:15
There was a traffic jam near Missoula at the Bonner exit that lasted nearly an hour and I later found out that a pedestrian had been struck and killed in a hit-and-run on the interstate earlier that morning.

At 5:30 I got gas again, and went into the convenience store for a snack to carry me through a late night drive. I couldn’t find anything appealing, and I felt melancholy and upset from the day’s drive and thinking about someone being left alone to die alongside the freeway so I left empty-handed and made my way to the Wilma, a beautiful old theater in downtown Missoula.

 Another super kind crew, super kind audience, and good to see the Smokies one more time. My set felt noisy and unfocused, I was having trouble keeping my mind on the songs and I think I played too fast. The sound was great, though, and I managed to keep most of my dumb between-song commentary to myself so I tried to appreciate the best parts. Lately I feel better about the songs I cover than about my own songs, and tonight’s version of “St. James’ Infirmary Blues” was as good as I could play it.

I left town after the show and drove to a rest area near Billings (about five hours) where I slept for four hours and headed into Billings for gas and coffee at the Lucky Lil’s combination casino and truck stop and fast food and stuff. I didn’t have an appetite so I kept going and didn’t stop until I got to the Flying J truckstop in Beach, North Dakota where I bought gas, a banana and more coffee and drove until the gas light came on near Fargo. I’d been listening to a record of compositions by Daniel Schmidt for the Gamelan and it was so beautiful and hypnotic that I played it through twice more before shifting to a recent collection of recordings that the late Mack McCormick had made of some lesser known and some very well known folk and blues musicians during the 1960’s. 

There’s nothing here I don’t enjoy, and my favorite track is probably Andrew Everett’s “Hello Central, gimme 209”. I tried listening to some podcasts but the talking was giving me a headache so I switched back to music or nothing at all. More traffic near St. Michael, and I was very tired and wished I were home. The little trip was over at 9:00pm and I was in bed shortly after that, probably before the engine of my van was even cool.

I have about a week and half in Minnesota before heading east for a longer run that includes the Mid-West Music Fest in LaCrosse, shows in Madison, Milwaukee, Cleveland, Rochester, Lowell, Brooklyn (the Brooklyn Folk Fest), Buffalo, Pittsburgh, Columbus and Madison Indiana before I settle in around home for the rest of the year. And now that you’ve seen my attempts at a tour diary, I’ll save the paper on the next one and spare you the boredom of having to read through this … 
I’m sure it’ll be similar, a list of when I got gas along some major interstate on a trip where there’s no time or money to stop for edifying sights or have important and meaningful conversations with new friends or take scenic detours and sleep is the great prize that always seems to elude me. I honestly wouldn’t have it any other way – playing music is worth every bit of the mostly boring journey. I hope to see you out there

Pessoa

'I'll be living quietly in a little house somewhere in the suburbs, enjoying a peaceful existence not writing the book I am not writing now and, so as to continue not doing so, I will come up with different excuses from the ones I use now to avoid actually confronting myself.

or else I'll be interned in a poorhouse, content with my utter failure, mingling with the riff raff who believed they were geniuses when in fact they were just beggars with dreams, mixing with the anonymous mass of people who had neither the strength to triumph nor the power to turn their defeats into victories.' - fernando pessoa, the book of disquiet.

Vivire tranquilo en una casa pequeña, en las afueras, disfrutando una existencia pacifica sin escribir el libro que no estoy escribiendo y para seguir sin hacerlo, inventare nuevas excusas para evitar juzgarme.

O me llevaran a un asilo, contento con mi fracaso total, mezclandome con la purria que creian ser genios cuando en realidad solo eran pobres con sueños. Juntandome con la masa anonima que nunca ha tenido la fuerza pa triunfar o el poder para cambiar sus derrotas en victorias - Fernando Pessoa, El libro de los inquietos.

Sacao del blog Horsemouth folk.