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viernes, 8 de mayo de 2020

John Fahey en Salem, Oregon



Me encantan los últimos años de John Fahey. Creo que la mayoría de sus fans prefieren olvidar esos años.
No es que no me gusten sus años clásicos. Conocí la música de Fahey por sus discos de los 60 y 70, auténtica historia de la música.

A principios de los noventa Fahey estaba jodido: su alcoholismo era muy fuerte, estaba casi arruinado, sin casa propia malvivía en pensiones baratas, después en un refugio para indigentes y finalmente en su coche.
Viviendo en su viejo coche lleno de trastos llegó a lo más bajo. Dicen los que le conocieron en esa época que fue el único momento en que estuvo realmente desesperado.

De esas experiencias, surgieron unos discos bastante distintos del estilo que le hizo famoso: una música experimental, difusa, ambiental y errante, ruidosa a veces y espectral otras. Discos que te trasmiten su dolor en esos momentos duros. Sin familia, sin dinero, sin techo. No quiero pensarlo mucho.
Fahey había "quemado muchos puentes". Bebía demasiado, tenía un carácter difícil; a veces trataba a la gente como la mierda, incluso a los que le ayudaban.
Pero al final se hacía querer, tenía una mente y un humor prodigiosos y de cualquier forma, era incapaz de llevar una "vida normal".

Justo cuando estaba en su peor momento (principios-mitad de los 90), la suerte de Fahey empezó a mejorar: un disco recopilatorio y un par de reportajes en revistas musicales le volvieron a poner en el candelero. Se recuperó de los problemas de salud que le impedían tocar y conoció a la que sería su última compañera.
Con los músicos locales Timothy Knight y Rov Scrivner formó el "John Fahey trio" un curioso grupo experimental que destilaba sonidos esotéricos mezclados con las antiguas guitarras "primitivas" de Fahey.

Casi en la misma época (año 97) grabó un disco en colaboración con el grupo alternativo Cul de Sac. La grabación fue casi una tortura según cuenta el líder del grupo, Glenn Jones, que lo dejó por escrito en las notas del álbum. Una odisea cuyo título ya da pistas: "La epifanía de Glenn Jones". Recomiendo su lectura!

Fahey había dejado la guitarra acústica porque ya le costaba tocarla. Empezó a tocar eléctricas. Según cuenta Timothy Knight le gustaban especialmente las Stratocaster y Mustang. El sonido que sacó en sus últimos albumes tiene resonancias muy queridas para mi. Algo entre la improvisación libre, el lo-fi, con dinámicas y eco naturales que construyen una especie de folk-postmoderno.

La actitud de Fahey también era especial, como si estuviera en su propio universo, desde el que retrasmitía esa rara música cósmica.
Lo mismo exagero y esos últimos años de Fahey solo atestiguan la decadencia del que fuera un guitarrista y compositor genial...pero realmente me gusta el ambiente que comunican esos discos.
Oigo un Fahey más humano, un tipo de casi 60 años descreido del mundo pero que conectaba con la generación de rockeros alternativos de los noventa y con ese espíritu "naif" lleno de desesperanza y libertad al mismo tiempo. Fahey es uno de esos "espíritus portavoces" de la música popular y humana.