habla Diego Cañamero en su facebook:
Cuando visito el sitio donde me crié junto a mi familia, me vienen los recuerdos de mi niñez.
A este lugar se le conoce por "el Mármol", es donde, mediante bombeo, se coge el agua del río Guadalquivir para regar la mayor parte de los arrozales de Isla Mayor. Aquí, en una casita pequeña, vivíamos mis 9 hermanos/as (aunque somos 13, pero en esa época solo eramos 9, ya que, dos habían muerto por enfermedades y otros dos no habían nacido) y mis padres. Mi padre era guarda jurado y su salario por jornada eran 50 pesetas (30 céntimo de los de hoy). Mi madre se dedicaba a la crianza de aves de corral (gallinas, pavos, patos... para la producción de carne y huevos), mis dos hermanos mayores se dedicaban a trabajar, cuando había trabajo, 3 meses al año, y yo con 6-7 años me encargaba de cuidar una piarita de cabras y ovejas que poseíamos, recuerdo que teníamos una cabra extraordinaria, y le pusimos de nombre de "Capirota". Cada año paría 3 chivos/as y llegaba a dar hasta 7 litros de leche al día, murió a los 11 años. Había tantas necesidades en esa época que nuestros padres estaban deseando que nos pusiéramos grandecitos para emplearnos en alguna faena que arrimara algún sustento para la casa. Un día, nos llego la noticia de que, en un lugar llamado el Rincón de los Lirios, a unos 3 kilómetros de distancia de donde vivíamos, donde se vendían bebidas y alimentos (economato-taberna) habían puesto un televisor para que la gente lo pudiera ver, convencimos a mi madre para que nos permitiera ir a ver una película, y nos dio 5 pesetas para los dos. La película que ponían esa tarde se llamaba "Bonanza". Mientras que esperábamos que echaran la película nos compramos unos bocadillos que nos costo ochos reales cada uno, y con los 4 reales sobrantes, mi hermano se compró unos cigarrillos sueltos de la marca "Ideales". Me dijo que no dijera nada a mis padres porque si lo hacía no me llevaría más a ver películas. Este día fue inolvidable para mí, no recuerdo con exactitud el año pero sería sobre el 1961 o 62.
Cuando cumplí los 8 años, salí a trabajar en el cortijo que se llamaba "Los olivillos" y me daban 30 pesetas por jornada de sol a sol (unos 19 céntimos de los de hoy), por eso, cuando vengo a este lugar tengo recuerdos tristes pero también bonitos, fue una época muy dura, donde no pude ir a la escuela, ni siquiera hice la primera comunión cuando en esa época era una obligación hacerla, siempre descalzo porque tener unos zapatos era un privilegio, los piojos nos comían, mi madre nos lavaba la cabeza con jabón verde y nos enjuagaba con agua y vinagre porque decía que era bueno para el cabello y repelente para las liendres y piojos.
La dictadura franquista convirtió estas marismas en un campo de concentración, había que producir arroz y toda la mano de obra era poca, permitían que personas que estaban en busca y captura, comunistas, anarquista, socialista y "delincuentes" trabajaran sin ser molestados, aunque sí fuertemente vigilados.
Recuerdo a la Guardia Civil cuando hacían las guardias en bicicletas, con sus tricornios, la capa y el fusil atado al cuadro de la bicicleta, llegaban donde vivíamos siempre a pedir algo: "¿señora, buenos días, tienes agua para darnos de beber?". Mi madre les llenaba el jarrillo de aluminio de un cántaro y les daba de beber, y a continuación preguntaban: "¿esos pavitos...? ¿Este año para navidad habrá algún regalo, no?". Mi madre respondía que cuando llegara la fecha ya hablarían, y cuando volvían y preguntaban, mi madre les decía que ya estaban todos vendidos. Mi madre era una mujer muy rebelde y jamás le dio un regalo a la Guardia Civil de la época ni a ningún señorito.
A ella, en el Golpe de Estado franquista le mataron a su padre, a un hermano de su madre y su mujer y metieron en la cárcel a un hermano con 17 años.
Se quedó sin familia y la adoptó una familia vecina hasta que se hizo una mujer y se casó con mi padre, que se habían criado como hermanos, y era hijo de la familia que la recogió, y tuvieron 13 hijos/as.
Cuánta historia se esconde en los adentros de estas marismas, cuántas injusticias están enterradas debajo del barro, cuántos gritos sin ser oídos se difuminaron por todos sus arrozales, cuántos suspiros hubo que tragarse ante la explotación y abusos de los señoritos.
Diego Cañamero.