"Y se hizo la luz…
Después del apagón de ayer, no podemos simplemente volver a encender los interruptores y seguir como si nada. Hay algo más profundo que deberíamos empezar a cuestionarnos: ¿cuánta dependencia tenemos de la energía eléctrica?
Y no solo eso, ¿qué precio estamos pagando por mantener esa dependencia?
Lo que vivimos no fue solo una falta de luz.
*Fue una llamada de atención.*
En lugares como las Islas Canarias, la energía eléctrica mueve casi todo. También el agua. Porque muchas de nuestras depuradoras y desaladoras, que hacen que podamos beber o regar, funcionan gracias a un consumo eléctrico muy alto. Y si no hay luz, no hay agua.
Así de simple, y así de grave.
Nos dicen que las hidroeléctricas son una solución, pero ¿a costa de qué? ¿De seguir drenando nuestros recursos acuíferos, ya de por sí escasos?
Y mientras tanto, la soberanía alimentaria —es decir, la capacidad de alimentarnos con lo que producimos— está por los suelos. Dependemos del exterior en más de un 90%. ¿Qué pasaría si un día no llegan los barcos o los aviones? ¿Qué comemos? El campo ha ido desapareciendo poco a poco, en parte porque el agua también se ha desviado hacia otras prioridades, y en parte porque no se ha protegido ni valorado.
Ahora se están planificando más parques eólicos y solares. Y sí, necesitamos energía limpia. Pero en un territorio insular, limitado, todo debe medirse con cuidado. No se trata solo de llenar los montes de aerogeneradores o las tierras fértiles de paneles solares, a costa de expropiar el terreno agrícola, espacios naturales protegidos y reservas de la biosfera.
*Hay que pensar en equilibrio*
Porque aquí el tema no es solo tener soberanía energética. El verdadero tema es cómo lograr soberanía sin poner en peligro la vida. Porque la vida, en sí misma, ya es soberana. Y si no la cuidamos, ni toda la energía del mundo nos servirá de nada.
No estamos diciendo que volvamos al pasado. Pero sí que miremos al presente con sentido común. La vida tiene sus propios ritmos y necesidades. Y si no los respetamos, la desconexión —esa que ya se empieza a sentir— no será solo de la red eléctrica.
Será de nosotros mismos.
Vida como soberanía, una conclusión poética y profundamente política. La vida no puede subordinarse a modelos de desarrollo que ignoran sus propias bases materiales: agua, alimento, energía, tierra.
@RedCanariadeCustodiadelTerritorio
29.04.2025"