Robao a Dildo Santana, de
http://www.shadowline1.com/lineadesombra/eg.htm
"contrastaba con el desparrame de Arturo. Al fin y al cabo, alguien tiene que hacer el trabajo limpio.
“No tenemos fe: al otro lado de esta vida sólo espera el rock’n’roll”.
Leopoldo María Panero
Lamentablemente, la fiesta se aguó cuando llegaron las doce y media de la noche por imperativo de la sala, que ya nos había advertido que el concierto acabaría temprano, aunque lo suyo es que hubiera durado toda la noche, con bises mil y pinchada after party. Pero no hubo tu tía: a las doce y media, con británica puntualidad, no es que la maquinita de Saverio se convirtiera en calabaza, pero el ruido paró en seco y dio paso a un gris soniquete indie que nos indicaba que este era el fin, pese a que Arturo siguiera a tope, negándose a abandonar el escenario, mirándonos con ojos saltones, gritándonos, tirándose de los pezones. Los espectadores, por nuestra parte, también seguíamos en estado de shock, aún ciegos, chillando y saltando y pidiendo más. Pero la fiesta, el rito, la bacanal o lo que fuera que había pasado en la última hora y media, se había acabado. Un par de minutos de indie valieron para conseguir el objetivo del DJ residente de la sala: convertirnos, ahora sí, en calabazas. Así, recuperamos nuestro sentido del ridículo, perdimos nuestra capacidad de aventura, y fuimos desfilando mansamente hacia la salida, no sin antes abrazar por última vez al maestro de ceremonias, hacernos una foto con él, comprar una camiseta (en mi caso, por pura necesidad: mi camisa estaba empapada en sudor y alcohol y tenía otro evento después) o un disco -no vi cassettes-: tras la barbarie, llegaba la civilización, esto es, la sensatez, el orden, el capitalismo y su ordenado intercambio de vil metal por objetos de consumo. O la utilización de nuestros juguetes para intentar, de alguna manera, estirar en el tiempo lo que ya había terminado. Algo de todo punto imposible. Es la gran miseria de la música, del espectáculo y de la vida, que se esfuma lentamente, cual bocanada de humo de cannabis. Pero sus efectos siguen en mi interior muchas horas después, cuando con un poco de resaca me he sentado ante mi anciano portátil (plateado, como el de EG) para escribir esto, en otro inútil intento por perpetuar una sensación que se va desvaneciendo por momentos. Ni siquiera escuchar su música enlatada logra avivar la memoria. Mola, pero es metadona y lo otro es otra cosa. Es lo real, lo vivo, lo salvaje, lo que es imposible de atrapar, lo que ya apenas se ve encima de un escenario, ni debajo, ni en ningún lugar de este mundo muerto. Eso que algunos llamamos rock’n’roll."
ilustraciones: ENRIQUE FLORES