De Oscar Sancho Rubio (editado para acortar):
LO QUE PASE EN EL VIÑA, LA ÚLTIMA BALA DEL ROCK.
Lo vengo diciendo: el rock agoniza entre llenos de festivales y conciertos que son un espejismo. Esos llenos que esgrimen quienes dicen que el rock “está más vivo que nunca” son espejismos.
Entre otras cosas porque eso no es rock. Rock son los garitos donde nos reuníamos y cada día cierra uno. Rock son las salas de invierno y meter 200 es una entelequia. Rock son las bandas emergentes y no reciben el apoyo que merecen de público y medios. Rock es escena y la escena está muerta, no hay fanzines (alguno queda, pero vamos) no hay radios independientes (que sí, que alguna queda, pero nada comparado con lo que había) no salimos de las dos webs que monopolizan la información (y mira que hay algunas más muy interesantes)
Y si queréis la prueba definitiva tenemos una emisora que dice que pone rock las 24 horas y resulta que es de los curas y solo ponen lo que les deja pasta. Puta pasta.
Y la última puñalada, hemos perdido nuestros ideales (o nos los han robado quienes dicen que “el rock no se mezcla con política”) y nos hemos convertido en una insulsa tribu urbana a la altura de los therians. Unos se ponen caretas de animales, otros nos enfundamos en cuero, parches y remaches, pero detrás no hay nada. Somos otro disfraz.
Y en estas estábamos cuando llegó el acto más infame que hemos podido presenciar en este loco siglo XXI. Un genocidio. Repito: UN GENOCIDIO. Y retransmitido por televisión, a la vista de todas y todos y el mundo no se ha volcado a parar esa locura.
¿Qué somos? ¿animales? Yo creo que peor, porque hasta los animales tienen sentimientos nobles.
Y detrás de ese genocidio, otra vez, la pasta. Y esa pasta viene a ensuciar de sangre inocente el rock a través de un fondo de inversión, KKR que se compra varios festivales porque, como decíamos al principio, esos festivales son el capitalismo en estado puro entre guitarras eléctricas y antes de matarnos del todo (que lo harán) nos van a exprimir hasta el último céntimo.
El rock necesitaba un gesto, algo que demuestre que aun queda algo debajo del cuero, que aun hay cerebro debajo de crestas y melenas, que aun hay sentimientos que no se han ahogado en kalimotxo y llegó ese gesto: había que demostrar al todopoderoso Viña que el rock es de la peña y no suyo.
Lo sé, hay más festivales que tienen fondos de KKR donde hemos hecho un ridículo espantoso y lo que pasa con el Resu es para hacérnoslo mirar, quedaos con esto: “La miseria levanta revoluciones que la pobreza tumba” Nada hay más temeroso que un pobre al que se le amenaza con perder lo poco que tiene.
Por eso, el capital, que no es tonto, nunca te quita todo, te deja un poco para que tengas algo que te haga perder tus principios, y eso ha pasado en el Resu. Las excusas de “tengo que comer” “quien llena mi nevera” han llovido ante las críticas de participar en un festi manchado de sangre inocente y en eso somos culpables todas y todos.
Releed el principio de mi escrito, no hay escena, porque si la hubiese, cualquier festival que se cree grande sería solo eso, un festival, un caché, y a veces el más bajo porque “ya te da bastante tocar aquí como para encima pagarte el caché” y muchas más veces ni eso porque “ya te da bastante tocar aquí como para que quieras, encima, cobrar” Por lo tanto, si fuésemos capaces de crear una escena, un buen circuito de salas, los festivales no serían más que un concierto más que ni interesa porque paga poco o nada y ya nos han visto en ese festival y eso nos quitará público en las salas. Con eso llegaríamos a “la conciencia levanta revoluciones que el capital no puede ahogar”
Y ahora, el Viña. Lo del Viña es de traca. Se han pasado todo este tiempo ideando un engaño en vez de solucionar, de verdad, el problema.
Y sacan un comunicado diciendo que “alguien” ha comprado el Viña y se desvinculan de KKR. Y rápidamente algunas webs, incluso algunos medios generalistas y algún que otro grupo que está deseando volver al Viña y tener una excusa, difunden la noticia, ya sabéis el por qué: hay quien está deseando venderse por 30 monedas de plata pero que no le llamen Judas.
Pero se destapa en menos de un día la mentira. La empresa que lo compra ni existe. Es el mismo perro con otro collar.
Y hoy llega un nuevo comunicado que no voy a reproducir (viene a decir que la empresa sí existe pero que aun no ha dado tiempo a registrarla, tened paciencia, que yo he traducido “nos habéis pillao con el carrito de los helaos, en unos días nos inventamos otra) tratando de desestabilizar la lucha.
Se vienen momentos duros, van a bombardear con comunicados los próximos días tratando de colárnosla, van a presionar, van a poner pasta por delante. Van a hacer de todo para salirse con la suya y el rock debe resistir. Estamos ante la última bala. Y depende de toda la escena.