Compartido por José Pastor González:
"Geografías de la ingravidez" Marc Badal (pepitas de calabaza) https://www.pepitas.net/libro/geografias-de-la-ingravidez
algunas cosas que se cuentan en "Geografías de la ingravidez"
Aunque la inercia de la desagrarización es demoledora, conviene no olvidar que en nuestro medio rural sigue habiendo miles de personas que dedican su vida al trabajo de la tierra. Con modelos productivos que pueden gustarnos más o menos, su empeño por mantenerse en el sector primario, especialmente si son pequeños productores, constituye un acto de resistencia frente a un sistema alimentario que los relega a la posición más débil de la cadena y, de paso, también frente a la deriva del desarraigo. Los agricultores y ganaderos profesionales, prácticamente los únicos que todavía dependen, aunque sea de forma amortiguada, de la matriz ecológica del entorno más cercano, no pierden de vista que su suerte está ligada a la del territorio que habitan. Buena parte de sus vecinos, por el contrario, han aprendido a eludir con palmosa facilidad cualquier referencia explícita a este hecho incontestable. (pág 60)
Para alguien educado en la convicción de que la tierra está ahí para ser cuidada, trabajada y aprovechada, el abandono supone una herida que desgarra su autoestima. (pág 70)
El rodillo del abandono no solo provoca que el antiguo mosaico paisajístico campesino, con sus unidades bien diferenciadas, el complejo entramado de caminos que las conectaba y su elementos arquitectónicos singulares vaya, quedando reducida una masa informe de vegetación espontánea salpicada por pilas de escombros. El abandono también afecta directamente al modo en que coincidimos y nos relacionamos con ese territorio arruinado: ahí donde antes podía distinguir una serie de lugares específicos , perfectamente delimitados, ahora solo se percibe una vasta de extensión de terreno homogéneo. Un espacio que al dejar de aprovecharse apenas se frecuenta y que, inevitablemente, acaba por convertirse en algo desconocido. (pág 70)
... el abandono se cobra también sus víctimas en el habla de las gentes, neutralizando la función comunicativa e identitaria que en su día desempeñó la toponimia. En cada uno de nuestros pueblos, centenares de nombres propios que se referían a lugares, accidentes geográficos, enclaves, parcelas, casas u otras construcciones están a punto de desaparecer. Nombres propios que hablan la lengua muerta de los campesinos. Que en demasiadas ocasiones se refieren a un trozo de mundo que se conserva exclusivamente en el recuerdo de quienes le dieron vida. (pág 77)
Podríamos decir que la naturaleza es aquello a lo que ha ido renunciando la sociedad en aras de un mayor confortabilidad, y en consecuencia, es también lo anhelamos cuando las condiciones que se nos imponen resultan difíciles de soportar. Por esta razón, el sentimiento de pérdida de la naturaleza es una de las principales señales de identidad de unas sociedades industriales caracterizadas por la desorientación, la insatisfacción crónica, y la sensación de vivir a través de experiencias y relaciones sucedáneas. Es, en definitiva, la casa natal abandonada para siempre a la que de forma irrenunciable deseamos regresar para reencontrarnos con nuestra auténtica y originaria condición. (pág 84)
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