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miércoles, 29 de abril de 2026

Imperios antiguos vs imperio actual

Pillao a alguien en facebook, lo siento, no recuerdo quien:

"Hoy se me acercó mi morrito... “Oye, papá ¿por qué en el México prehispánico se hacían sacrificios donde se sacaban corazones?” Y antes de que yo pudiera decir algo, me lee las opciones:
a) Para mantener el ciclo del nacimiento del sol
b) Para volver más fuertes a los guerreros
c) Para castigar a sus enemigos

Naaaamames. Pero ps claro... ¿qué esperaba? Si a nosotros también nos educaron creyendo que Benito Juárez era un santo y Porfirio Díaz el mismísimo diablo con bigote. La historia en la escuela primaria casi siempre viene masticada, lavada y servida en tres incisos pedorros.

El pedo es que creo que en su gran mayoría (los mexicanos en este caso) luego llegamos a la adultez con pensamientos/creencias muy reduccionistas, pa'no decirles pendejos.
Con Anahuac (el México prehispánico) tenemos de dos sopas:
Por un lado es un mundo donde la gente pensaba que el sol funcionaba gracias a una maquinaria invisible que se lubricaba a diario con corazones humanos, cualquier chingadera que encuentran bajo la tierra es algo ritual.

Y por el otro, el de los jipis newage, está la fantasía de la utopía precolombina: sabia, ecológica, luminosa, elevada espiritualmente, justa... donde todos vivían en armonía y traían un pinche grado Quetzalcóatl desbloqueado desde nacimiento.

Y pues... Está muy mamón creer que una civilización capaz de leer los astros, contar ciclos y levantar calendarios complejísimos creyera que el sol funciona como pinche foco descompuesto sediento de sangre. Pero, hay suficiente material pa'pensar firmemente en que sí hubo sacrificios con corazones y sangre. Hay arqueología, ofrendas, restos, espacios rituales, instrumentos, contexto.

No hay que negar lo incómodo. PERO, reducir una cosmovisión entera a "sacar corazones pa'que salga el sol" si pone a nuestros antepasados como salvajes en taparrabo (maxtla, se llama), y eso está dlv.

No. La cosa era mucho más profunda que eso.
Empecemos por recapitular un poco de su mitología: los dioses se sacrifican para que el mundo exista. Y a partir de ahí, todo entrega algo y todo cobra algo. Para ellos, la vida no era una propiedad individual que uno posee y defiende a toda costa. Era una fuerza prestada. Una participación dentro de un equilibrio más grande. Es más... parecía una deuda.

El mundo no estaba construido sobre la idea moderna de “yo existo porque sí”. Estaba construido sobre intercambio. Todo era dual. Entrega y cobro.
Existe esta teoría bien documentada de Tenochtitlan (pa'centrarnos en un sitio) como una ciudad donde la religión, la violencia ritual y el orden social no estaban separados. La ciudad misma era templo, mito, poder y sacrificio caminando al mismo tiempo.

Entonces el sacrificio no era solo “religión”a secas. Era cosmos, política, guerra, era deuda con los dioses y parte del teatro sagrado de la vida. Era a su vez pedagogía del miedo, un recordatorio público de que la vida no se sostiene gratis.

Y no, esto no lo vuelve más bonito o menos violento. Pero nos permite entenderlo como algo más complejo... Y me permito decir: menos hipócrita. Porque tal vez lo que nos incomoda no es solo la sangre antigua, sino que nos obliga a ver nuestra sangre moderna.

Qué barbaridad sacar un corazón del pecho de un pobre cabrón acostado sobre una piedra y alzarlo al sol como Simba... Pero ¿qué tal andamos de sacrificio animal, explotación humana (infantil incluida), tierra devastada y guerras en pantalla? Aceptamos gustosos la decadencia de otros cuerpos humanos pa'tener fastfashion, siempre y cuando no los rebanen con obsidiana. Que las fábricas y los mataderos se mantengan como eso y nunca como templos, que sea en secreto, al otro lado del mundo pero no en la plaza pública...

Cambiamos altar por sistema. Y eso hace que nos cueste mirar al pasado sin sentirnos superiores moralmente. Porque en ese momento era visible algo que nosotros escondimos: toda sociedad se sostiene sobre ofrendas, pérdidas, cuerpos y vidas entregadas a algo más grande.
Cambiamos nosotros, pero esta realidad sigue funcionando a través del intercambio.
Pero bueno... "Pa'mantener el ciclo del nacimiento del sol, mijo", le contesté.

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