A Iznájar se le prometió progreso; la realidad, medio siglo después, es una paradoja cruel. Mientras la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir utiliza su agua para regar tierras lejanas, el municipio de Iznájar tiene prohibido el riego con el agua que él mismo almacena. En la presa se ubica la mayor central hidroeléctrica de Andalucía, pero el suministro eléctrico del pueblo sufre cortes frecuentes. Es una contradicción difícil de explicar y, sobre todo, imposible de aceptar.
Hoy, del pantano solo quedan para Iznájar prohibiciones, abandono y cargas ambientales: pinares sin mantenimiento, orillas degradadas y los residuos de una actividad pesquera descontrolada que otros deben limpiar. Existe la sensación permanente de ser un territorio sacrificado por intereses ajenos. Solo en momentos dramáticos como el actual, cuando las lluvias ponen en jaque a media región, aparece el consuelo amargo de saber que, gracias al sacrificio de este pueblo, las consecuencias del temporal no han sido peores.
Sacao del facebook de CR Cañas.
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