El capitalismo nos tiene enganchados a una droga que llamamos “crecimiento”, “progreso”, “innovación”, “consumo”. Y no es una adicción individual, es colectiva. Nos hace creer que, sin esa dosis diaria de consumo y productividad, colapsaremos. Nos hace desear nuestra propia explotación.
Stengers y Pignarre proponen que para romper el hechizo hay que crear contra-hechizos. O sea, prácticas que reconecten cuerpo y tierra, que nos permitan sentir que otro mundo es posible. Tejer alianzas mágico-políticas. Dejar de esperar la Gran Revolución y empezar a cultivar jardines de resistencia cotidiana.
Si el libro se llevara a la práctica de modo plenamente encarnado, habría que leerlo en voz alta alrededor de un fuego, mientras se comparte comida robada de un supermercado y se planea una acción directa poética. Porque su mensaje central es que la imaginación política es un músculo atrofiado por el capitalismo, y hay que ejercitarlo con rituales terrenales.
Sus autorxs no escriben desde el púlpito universitario, sino desde el barro de las luchas ecologistas, feministas, anticoloniales, anticapitalistas. Su gesto es un acto de descolonización de la imaginación. “No nos sigan, dicen, inventen sus propias brujerías”.
También:
https://marxandphilosophy.org.uk/reviews/7837_capitalist-sorcery-review-by-richard-cotter/
"Risk-taking is one of the things this book is good at and the authors promote it as a practical device in order to ‘get a hold’ on how contemporary capitalism operates. Throughout, the reader is told of the imperative to “think, imagine and be adventurous” (7), to take even difficult and uncomfortable epistemological risks such as the suspension of what one knows in favour of a less secure, more sceptical stance, which would entail leaving “the safety of the regime of judgement for one of risk, the risk of failure that accompanies all creation, the risk of disappointment” (44). This is the pragmatic value of experimentation reaffirmed in radical clothing. If the book trades on one central idea from Marx it is to not merely interpret the world but to change it: or, in their own words, to do in order to “produce consequences that orientate action” (17)."
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