https://pocimae.blogspot.com/2007/10/introduccion.html
A lo largo de todas las épocas y en las más variadas culturas, los trances de éxtasis místico, la experiencia extática en sí, han sido inducidos por procedimientos destinados a aislar al individuo de su realidad concreta, alterando su estado de conciencia. Para ello existen diversos modos que pueden emplearse solos o que, más a menudo, se presentan en ciertas combinaciones: el ayuno prolongado, la privación del sueño y los sentidos, el ejercicio físico violento o desmesurado, la flagelación y la autotortura, la meditación y la autoconcentración, así como la ingestión de sustancias químicas que ejercen una acción determinada sobre el cerebro, alterando los niveles de percepción. Todos estos procedimientos pueden ser definidos globalmente como psicoactivos, o por emplear una expresión más reciente, enteogénicos, ya que su finalidad no es otra que la de alterar el psiquismo ordinario, de activarlo para conseguir un estado de trance extático y sentirse uno con la divinidad.
Una advertencia final. Nadie va a encontrar aquí una apología del uso indiscriminado de las drogas ni un estudio de tipo esotérico sobre sus bondades al ponernos en contacto con "la otra realidad". Como materialista empírico y científico social, si se me permite la expresión, estoy mucho más interesado en el papel que pudieron llegar a jugar, mediente su manipulación o su prohibición, para ayudar a justificar una visión del mundo y la sociedad impuestas por las elites de turno, aunque ello no siempre resulte una tarea sencilla y en la que es posible que no siempre lo haya resuelto con éxito.
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